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Por Jasiel E. Angeles Marin (j.angeles@mexicotravelchannel.com.mx)

Octubre apenas comienza y México empieza a cambiar de color. Primero aparecen algunas macetas afuera de los mercados, después llegan los grandes manojos y, cuando menos nos damos cuenta, el naranja del cempasúchil se apodera de calles, casas, panteones y ofrendas anunciando que el Día de Muertos está cada vez más cerca.

La reconocemos inmediatamente. Sabemos que va en el altar, que sus pétalos pueden formar caminos y probablemente alguna vez escuchamos que su aroma ayuda a nuestros muertos a regresar a casa. 

Sin embargo, detrás de esta flor existe una historia muchísimo más antigua que las celebraciones actuales del 1 y 2 de noviembre.

El cempasúchil ya formaba parte de la relación de los pueblos mesoamericanos con la naturaleza, la muerte y lo sagrado mucho antes de la llegada de los españoles. 

Con el paso del tiempo, aquellas concepciones se encontraron y mezclaron con celebraciones católicas hasta contribuir a la construcción de las tradiciones de Día de Muertos que conocemos actualmente.

Por eso el cempasúchil no está en nuestras ofrendas simplemente porque se ve bonito.

Su color, aroma e historia ayudan a explicar nuestra manera de recordar a quienes ya no están.

Cuando octubre pinta de naranja mercados, campos, casas y calles de México sabemos que una de nuestras celebraciones más entrañables está cerca. Pero detrás de esta flor existe una historia milenaria que comenzó mucho antes de las ofrendas que conocemos actualmente. ¿Te gusta esta flor?
La flor de cempasúchil también tiene su leyenda prehispánica.

¿Qué significa la palabra cempasúchil?

Hasta su nombre guarda una parte de su historia.

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural explica que cempasúchil deriva del náhuatl cempohualxóchitl, compuesto por cempohuali, relacionado con el número veinte, y xóchitl, que significa flor. De ahí provienen interpretaciones como “veinte flores”, “flor de la veintena” o “varias flores”.

Y basta mirar una para entender el nombre.

Su cabeza floral está formada por una enorme cantidad de pequeñas flores agrupadas, creando esa apariencia abundante y esponjosa que la hace fácilmente reconocible.

Actualmente también recibe nombres como flor de muerto, flor de difunto, cempoal o veinte flores, aunque las denominaciones cambian entre regiones y lenguas indígenas.

La especie que solemos relacionar con las grandes flores utilizadas durante Día de Muertos es Tagetes erecta, una planta nativa de México profundamente arraigada a las tradiciones de estas fechas. 

La Secretaría de Agricultura señala que su producción se programa precisamente para alcanzar la cosecha hacia finales de octubre.

No es coincidencia que aparezca justo cuando comienzan las ofrendas.

Su propio ciclo de cultivo terminó acompañando uno de los momentos más especiales del calendario mexicano.

Cuando octubre pinta de naranja mercados, campos, casas y calles de México sabemos que una de nuestras celebraciones más entrañables está cerca. Pero detrás de esta flor existe una historia milenaria que comenzó mucho antes de las ofrendas que conocemos actualmente. ¿Te gusta esta flor?
La flor de cempasúchil no puede faltar en las ofrendas y altares mexicanos en el Día de Muertos.

Una flor con miles de años de historia

Si pensabas que la relación entre México y el cempasúchil comenzó con los altares modernos, tenemos que retroceder muchísimo.

La Secretaría de Agricultura señala que evidencias arqueológicas apuntan a que el cempasúchil fue domesticado hace aproximadamente 3,000 años y tuvo usos ceremoniales desde tiempos prehispánicos.

Para los mexicas, sus tonalidades amarillas y anaranjadas estaban relacionadas con el Sol, mientras que la flor fue incorporándose a prácticas funerarias y rituales vinculados con la muerte.

Aquí es importante evitar una simplificación bastante común: el Día de Muertos actual no es exactamente la misma celebración que realizaban los pueblos prehispánicos.

Las tradiciones contemporáneas son resultado de un proceso histórico mucho más complejo en el que prácticas indígenas relacionadas con los muertos y los ciclos agrícolas se encontraron con las festividades católicas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos después de la Conquista.

Sin embargo, dentro de todas esas transformaciones ocurrió algo extraordinario: el cempasúchil sobrevivió.

Pasaron siglos, cambiaron las creencias, se transformaron los altares y surgieron nuevas costumbres, pero la flor amarilla y naranja siguió acompañando a los muertos.

Cuando octubre pinta de naranja mercados, campos, casas y calles de México sabemos que una de nuestras celebraciones más entrañables está cerca. Pero detrás de esta flor existe una historia milenaria que comenzó mucho antes de las ofrendas que conocemos actualmente. ¿Te gusta esta flor?
La flor de cempasúchil es nativa del continente americano y crece de forma silvestre en zonas montañosas.

¿Por qué ponemos cempasúchil en las ofrendas de Día de Muertos?

Aquí llegamos a la tradición que prácticamente todos conocemos.

De acuerdo con la Secretaría de Agricultura, desde tiempos prehispánicos los mexicas asociaban el color del cempasúchil con el Sol y consideraban que sus flores guardaban su tibieza. Su color intenso y fuerte aroma terminaron relacionándose con la función simbólica de orientar a los muertos.

Esa idea permanece en las ofrendas actuales.

Por eso en muchos hogares los pétalos no se colocan únicamente sobre el altar, sino que forman senderos desde la entrada de la casa hasta la ofrenda, representando el camino que las ánimas deben seguir para llegar hasta el lugar preparado por sus familiares.

Y aquí aparece una de las imágenes más hermosas de Día de Muertos.

La flor no representa únicamente muerte.

También representa regreso.

Mientras las fotografías recuerdan quiénes fueron nuestros seres queridos, las velas iluminan y los alimentos evocan aquello que disfrutaban en vida, el cempasúchil marca simbólicamente el camino de vuelta a casa.

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Los pigmentos de la flor de cempasúchil se utilizan para la industria avícola para intensificar el color de la carne del pollo y la yema de huevo.

¿Qué representa el color naranja del cempasúchil?

Si alguna vez viste un campo lleno de cempasúchil bajo el Sol entenderás por qué su color adquirió tanta fuerza simbólica.

Las tonalidades de la flor van del amarillo al naranja intenso, colores que las antiguas culturas asociaron con el Sol. 

La Secretaría de Cultura explica que dentro de esta tradición su apariencia terminó vinculandose con ideas como luz, vida y muerte.

Por eso su presencia en una ofrenda produce un contraste tan particular.

Estamos colocando una flor llena de color y vitalidad en un espacio dedicado a personas que murieron.

Y precisamente ahí está una de las claves para entender el Día de Muertos.

En México, recordar la muerte no necesariamente significa llenar todo de oscuridad.

Ponemos flores. Encendemos velas. Cocinamos. Contamos historias. Sacamos fotografías.

Y durante unas horas construimos un espacio simbólico donde la memoria vuelve a reunirnos.

El cempasúchil encaja perfectamente en esa manera mexicana de entender la ausencia: una flor luminosa para recordar a quienes físicamente ya no podemos ver.

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¿El aroma del cempasúchil también tiene significado?

Sí, y es fundamental.

Quien alguna vez haya caminado por un mercado mexicano durante las últimas semanas de octubre sabe que el cempasúchil no sólo se reconoce con los ojos.

También se huele.

Su aroma intenso forma parte de la tradición de los caminos de pétalos, pues popularmente se considera que, junto con su color, ayuda a las ánimas a encontrar la ofrenda.

Esto explica por qué utilizar cempasúchil en Día de Muertos construye una experiencia que involucra prácticamente todos los sentidos.

Vemos el naranja.

Percibimos el aroma.

Escuchamos las historias familiares.

Probamos los alimentos de la ofrenda después de las celebraciones.

Tocamos los pétalos al construir el altar.

La flor funciona entonces como algo mucho más complejo que un adorno.

Forma parte de la atmósfera misma del Día de Muertos.

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El olor de la flor de cempasúchil es clave para la cultura mexicana.

¿De dónde salió la leyenda de Xóchitl y Huitzilin?

Seguro alguna vez te apareció en redes sociales.

La historia cuenta que Xóchitl y Huitzilin eran dos jóvenes enamorados que subían a una montaña para ofrecer flores al dios solar Tonatiuh. Cuando Huitzilin murió en batalla, Xóchitl pidió volver a reunirse con él y fue convertida en una flor dorada; posteriormente, su amado regresó convertido en colibrí y al posarse sobre ella abrió sus pétalos.

La historia explica románticamente el origen del cempasúchil y su relación con el amor capaz de trascender la muerte.

Es preciosa.

Pero hay que contarla correctamente.

Se trata de una leyenda popular, no de un hecho histórico comprobado sobre el origen botánico del cempasúchil.

Architectural Digest la recoge como una de las narraciones más difundidas alrededor de la flor, pero no debe confundirse con evidencia histórica o arqueológica.

Eso no le resta valor.

Las leyendas también forman parte de nuestra cultura, siempre que sepamos distinguir entre tradición oral e historia documentada.

Y quizá por eso esta historia consiguió tanta popularidad: resume perfectamente aquello que el cempasúchil representa durante Día de Muertos.

El amor que continúa incluso después de la ausencia.

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¿Dónde se cultiva cempasúchil en México?

Cuando llega octubre comienza una carrera agrícola que lleva meses preparándose.

La Secretaría de Agricultura identifica entre las entidades productoras de cempasúchil a Puebla, Ciudad de México, Estado de México, Michoacán y Veracruz, mientras que otras fuentes oficiales también documentan su cultivo en estados como Guanajuato, Tlaxcala e Hidalgo.

Dentro de la Ciudad de México destacan zonas rurales como Xochimilco, Tláhuac, Milpa Alta y Tlalpan, donde la producción floral continúa siendo una actividad importante.

Las cifras permiten dimensionar la tradición.

Datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera citados por Agricultura registraron para 2023 más de 21 mil toneladas, alrededor de 519 mil manojos y más de 2.3 millones de plantas de cempasúchil, además de producción contabilizada en gruesas.

Detrás de cada maceta que colocamos junto a la fotografía de un familiar existe entonces otra historia.

La de productores que preparan los cultivos con meses de anticipación para que México pueda pintarse de naranja justo a tiempo.

Cuando octubre pinta de naranja mercados, campos, casas y calles de México sabemos que una de nuestras celebraciones más entrañables está cerca. Pero detrás de esta flor existe una historia milenaria que comenzó mucho antes de las ofrendas que conocemos actualmente. ¿Te gusta esta flor?
La flor de cempasúchil también tiene su leyenda prehispánica.

¿Cuándo florece el cempasúchil?

Su temporada parece diseñada especialmente para Día de Muertos.

Agricultura señala que el cempasúchil florece después de la temporada de lluvias y que puede encontrarse durante el periodo que va aproximadamente de julio a noviembre, dependiendo de las condiciones y sistemas de cultivo.

En producción comercial, los ciclos se planifican para conseguir una gran disponibilidad hacia finales de octubre.

Por eso octubre es el momento perfecto para comenzar a encontrar campos y mercados llenos de esta flor.

Y si compras una planta en maceta, hay algunos cuidados básicos que pueden prolongar su floración.

Cuando octubre pinta de naranja mercados, campos, casas y calles de México sabemos que una de nuestras celebraciones más entrañables está cerca. Pero detrás de esta flor existe una historia milenaria que comenzó mucho antes de las ofrendas que conocemos actualmente. ¿Te gusta esta flor?
La flor de cempasúchil está compuesta por muchas flores o pétalos. De ahí surge su nombre.

¿Por qué el cempasúchil sigue siendo tan importante para México?

Porque pocas flores consiguen hacer algo como esto. Anunciar una fecha sin mirar el calendario.

Cuando aparecen montañas de cempasúchil en los mercados sabemos perfectamente qué viene.

Día de Muertos.

Pero detrás de ese reconocimiento inmediato existe una historia mucho más profunda. Hablamos de una planta nativa de México cuya domesticación se remonta miles de años, vinculada con prácticas rituales prehispánicas y posteriormente integrada a una celebración que cambió mediante siglos de intercambios culturales.

También hablamos de agricultores que siguen sembrándola, comerciantes que llenan mercados con ella y familias que cada año separan cuidadosamente sus pétalos para construir caminos hacia una fotografía.

Ahí está su verdadero poder.

No sobrevivió únicamente la flor.

Sobrevivió su significado.

Cuando octubre pinta de naranja mercados, campos, casas y calles de México sabemos que una de nuestras celebraciones más entrañables está cerca. Pero detrás de esta flor existe una historia milenaria que comenzó mucho antes de las ofrendas que conocemos actualmente. ¿Te gusta esta flor?

Cempasúchil, la flor que cada año vuelve a abrir el camino

Hay flores que regalamos para celebrar un cumpleaños, otras para decir “te amo” y algunas para pedir perdón.

En México tenemos una que colocamos para decir:

“Todavía te recuerdo.”

Quizá por eso el cempasúchil resulta imposible de separar de Día de Muertos.

Sus raíces se encuentran en el México prehispánico, pero su significado continuó transformándose hasta formar parte de una celebración contemporánea donde conviven elementos indígenas, católicos, familiares y regionales.

Hoy sus pétalos vuelven a llenar los caminos hacia las ofrendas.

No porque exista evidencia científica de que las almas sigan su aroma, sino porque durante generaciones los mexicanos hemos encontrado en esta flor una hermosa manera de representar algo que sí conocemos perfectamente: la memoria también encuentra caminos para regresar.

Este Día de Muertos, cuando coloques cempasúchil en tu ofrenda, míralo un poquito diferente. Detrás de cada pétalo hay historia, agricultura, lengua, tradición y siglos de una relación muy particular de México con la vida y la muerte.

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