Por: Circe Vargón
Descubramos la imponente obra arquitectónica que une a Hidalgo con el Estado de México para desentrañar el tierno mito del felino que acompañó al fraile franciscano.
Hay monumentos que impresionan por su tamaño y otros que asombran por la historia que esconden.
Entre los paisajes semidesérticos que unen Hidalgo con el Estado de México se levanta una de las obras hidráulicas más extraordinarias del siglo XVI: Un sistema de captación, conducción y distribución de agua construido para abastecer a diversas comunidades de una región afectada históricamente por la escasez del líquido.
Se trata del Acueducto del Padre Tembleque pertenece a ambas categorías.
Este sistema fue inscrito en la Lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 2015, por su valor como ejemplo excepcional de intercambio entre la tradición hidráulica europea y las técnicas constructivas mesoamericanas.
Sin embargo, para los habitantes de la región, la historia del acueducto no comienza con cálculos de ingeniería ni con planos trazados sobre pergaminos. Comienza con la sed.
Durante buena parte del siglo XVI, numerosas comunidades de esta zona enfrentaban serias dificultades para acceder al agua.
El sistema fue concebido para conducir el agua desde los manantiales ubicados en las faldas del Tecajete, una antigua formación volcánica que en la actualidad suele ser conocida localmente como cerro debido a que se encuentra extinta desde hace miles de años
Fue entonces cuando el fraile franciscano Francisco de Tembleque decidió impulsar una empresa que parecía imposible: conducir el agua a través de barrancas, llanuras y terrenos accidentados mediante un sistema hidráulico que alcanzó una extensión máxima de 48.22 kilómetros, de acuerdo con la declaratoria de UNESCO.
La magnitud del desafío era tan grande que no pasó mucho tiempo antes de que la imaginación popular comenzara a intervenir.
Entre las historias populares asociadas al Acueducto del Padre Tembleque destaca una leyenda difundida en publicaciones culturales locales y retomada por el autor Nacho Gómez Arriola en la obra La historia del gato del padre Tembleque y de su acueducto.

En México Travel Channel nos fascina recorrer los monumentos más impresionantes de nuestro patrimonio para descubrir las leyendas que siguen caminando entre sus piedras siglos después de haber sido construidos.
El felino del desierto que se convirtió en el maestro de obras
Las grandes obras siempre generan grandes leyendas.
Y pocas construcciones novohispanas despertaron tanto asombro como el Acueducto del Padre Tembleque.
Los habitantes de la región observaban cómo el fraile recorría diariamente cerros, cañadas y senderos intentando encontrar la ruta adecuada para transportar el agua.
El terreno parecía desafiar cualquier intento humano. Había desniveles, barrancas profundas y extensiones áridas donde resultaba difícil imaginar la construcción de un sistema hidráulico de semejante magnitud.
Fue entonces cuando nació la leyenda.
La tradición popular cuenta que durante una de sus exploraciones apareció un gato montés entre los matorrales y nopaleras que cubrían el paisaje.
El animal caminaba con una precisión asombrosa por los senderos, deteniéndose en ciertos tramos y dejando la marca de sus garras en la tierra.
Sorprendido por el comportamiento del animal, el fraile comenzó a seguir sus huellas. Con el paso de los días, los pobladores aseguraban que el gato parecía elegir senderos con pendientes suaves y recorridos naturales que facilitaban el paso del agua sin necesidad de grandes desniveles.
Día tras día observó cómo el felino elegía las rutas de menor resistencia, recorría pendientes suaves y cruzaba zonas donde el tránsito parecía más sencillo.
Con el paso del tiempo, los pobladores comenzaron a creer que aquel gato no era un animal común. Algunos aseguraban que se trataba de un nahual. Otros afirmaban que era un enviado de los espíritus protectores de la montaña.
Y algunos más sostenían que la propia naturaleza había decidido ayudar al fraile en su misión de llevar agua a los pueblos castigados por la sequía.
La leyenda creció tanto que el felino terminó recibiendo un título simbólico dentro de la memoria popular, como el supuesto “maestro de obras” de la leyenda.
Naturalmente, no existe evidencia histórica que confirme este episodio. Pero, la historia sigue siendo una de las narraciones más queridas del municipio de Zempoala porque simboliza algo más profundo: la idea de que la obra solo fue posible cuando el conocimiento humano aprendió a escuchar al entorno natural.
ACUEDUCTO DEL PADRE TEMBLEQUE
— Crónicas de Banqueta (@cronicabanqueta) March 23, 2024
Tal vez el acueducto más impresionante de México gracias a sus más de 44 kilómetros de longitud. Se encuentra en el municipio de Zempoala en el Edo. de Hidalgo. Se le considera la obra de ingeniería hidráulica más importante de la época virreinal. pic.twitter.com/LyP2noIe9y
La arcada colosal construida con adobe y fe
Más allá de la leyenda, la realidad no era menos impresionante.
Lo que comenzó como el sueño de un fraile terminó convirtiéndose en uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de toda la Nueva España.
Durante años, comunidades indígenas otomíes, nahuas y otros habitantes de la región trabajaron junto con los franciscanos para construir una obra que transformaría para siempre el paisaje.
La declaratoria de UNESCO subraya que el sistema combina conocimientos europeos vinculados con la hidráulica romana y técnicas mesoamericanas, entre ellas el uso de adobe, un material tradicional elaborado principalmente con tierra, agua y fibras vegetales secado al sol.
Las piedras fueron extraídas, cortadas y transportadas manualmente.
Los canales debían mantener una pendiente precisa para que el agua circulara exclusivamente por gravedad.
Un solo error podía comprometer kilómetros completos del sistema.
La magnitud del trabajo era tan extraordinaria que generaciones enteras participaron en la construcción.
Y, según la tradición popular, cada vez que el terreno parecía imposible de vencer, alguien recordaba las huellas del gato montés que había mostrado el camino.
Con el paso de los años comenzó a elevarse la estructura más impresionante de todo el sistema: la monumental arcada de Tepeyahualco.
Sus 68 arcos (con una altura total de 39.65 metros y un arco central de 33.84 metros) dominaban la barranca como una gigantesca puerta de piedra abierta sobre el paisaje.
El acueducto fue construido entre 1555 y 1572, según la declaratoria de UNESCO, y se convirtió en una obra excepcional por su complejidad técnica, extensión e integración entre saberes europeos y mesoamericanos.
Quizá por eso la leyenda del gato montés sobrevivió junto con el monumento.
Esto, porque ayuda a explicar, de forma poética, cómo una obra tan inmensa parecía necesitar algo más que conocimientos técnicos para hacerse realidad.
Francisco de Tembleque falleció en 1570 – se desconoce su edad exacta– sin ver concluida por completo la obra que había impulsado durante años. El fraile toledano había llegado a la Nueva España en 1542 y dedicó buena parte de su vida a resolver los problemas de abastecimiento de agua que afectaban a las comunidades de la región.
Pero los trabajadores continuaron.
EL ACUEDUCTO DEL PADRE TEMBLEQUE
— Crónicas de Banqueta (@cronicabanqueta) June 30, 2026
Es una magna obra de ingeniería hidráulica del siglo XVI, construida entre 1555 y 1572. Ubicada entre los estados de Hidalgo y México, fue diseñada por el fraile franciscano Francisco de Tembleque para llevar agua potable desde los manantiales de… pic.twitter.com/S1EipAX6Kc
Y años más tarde el acueducto quedó terminado, convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de colaboración entre comunidades indígenas y constructores novohispanos.
El monumento eterno donde la naturaleza y el hombre se unieron
Hoy, al recorrer el Acueducto del Padre Tembleque, resulta difícil no sentirse pequeño frente a la magnitud de sus arcos.
El paisaje sigue siendo el mismo que contemplaron los antiguos habitantes de la región hace casi cinco siglos. Los llanos se extienden hacia el horizonte, el viento recorre las barrancas y la piedra conserva la memoria de miles de personas que participaron en una empresa que parecía imposible.
Quizá el gato montés nunca existió exactamente como lo cuenta la tradición.
Pero las mejores leyendas no sobreviven porque puedan comprobarse, sino porque ayudan a expresar lo que las cifras y los documentos no siempre consiguen explicar.
Y en este caso, la leyenda transmite la idea de que las obras más extraordinarias nacen cuando la inteligencia humana aprende a trabajar en armonía con la naturaleza.
Por eso, cuando el visitante observa las arcadas perderse en la distancia, resulta fácil comprender por qué los habitantes de la región siguen mirando los senderos de tierra con la esperanza de encontrar las huellas de aquel misterioso felino.
El Acueducto del Padre Tembleque es una prueba de que el ingenio humano, cuando se combina con el respeto por la naturaleza, puede crear obras que perduran por siglos.
Si visitas Zempoala, no dejes de recorrer este monumento a la fe y la perseverancia.
EL ACUEDUCTO DEL PADRE TEMBLEQUE (año 1572, Hidalgo, México) se llama así porque su proyectista y director fue el franciscano toledano Francisco de Tembleque.
— Nao Casanova (@NaoCasanova) June 26, 2020
En 48 km de longitud tiene 6 arquerías; la + famosa, la que está sobre el río Papalote, de 904 m de largo y 39 de alto. pic.twitter.com/aieIFnUElL
¿Dónde está el Acueducto del Padre Tembleque y cómo visitarlo?
A diferencia de otros monumentos históricos concentrados en una sola zona, el Acueducto del Padre Tembleque se extiende a lo largo de aproximadamente 48 kilómetros entre los actuales estados de Hidalgo y Estado de México.
Su tramo más famoso se encuentra en la comunidad de Santiago Tepeyahualco, perteneciente al municipio de Zempoala, Hidalgo. Ahí se localiza la monumental Arquería Mayor de Tepeyahualco, considerada la sección más espectacular del sistema hidráulico.
Cabe puntualizar, que el Acueducto del Padre Tembleque se extiende también por diversos municipios del Estado de México, formando una obra que une históricamente a ambas entidades a lo largo de cerca de 48 kilómetros.
La estructura puede visitarse desde distintos puntos del recorrido, pero la parada obligada es precisamente la arcada de Tepeyahualco, considerada la sección más espectacular del sistema hidráulico y la imagen más reconocida del sitio.
Un día como hoy hace un año el Acueducto del Padre Tembleque fue inscrito en el Patrimonio Mundial @UNESCO_es pic.twitter.com/0bRVhNakaH
— Turismo Estado de México (@EdomexTurismo) July 5, 2016
¿Cómo llegar desde la Ciudad de México?
Desde la Ciudad de México, una ruta común consiste en tomar la salida hacia la zona de Teotihuacán y continuar rumbo a Ciudad Sahagún hasta el camino que conduce a Tepeyahualco.
El trayecto en automóvil suele tomar entre una hora y media y dos horas, dependiendo del punto de partida y de las condiciones del tráfico.
También existen opciones combinadas de autobús y taxi hacia la zona del acueducto, mientras que el trayecto en automóvil desde la Ciudad de México ronda los 76 kilómetros, de acuerdo con herramientas de planeación de ruta.
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