Por: Circe Vargón
Descubramos el rincón más misterioso del norte mexicano, donde un cohete de prueba de la Fuerza Aérea de Estados Unidos se desvió de su curso y el desierto comenzó a guardar secretos del cosmos.
Existe un rincón en el norte de México donde el horizonte se estira tanto que la tierra parece unirse con el cielo, un lugar donde el aislamiento y la amplitud del paisaje generan una sensación de vacío poco común.
En el corazón del Bolsón de Mapimí, donde las fronteras de Durango, Coahuila y Chihuahua se desdibujan, yace la enigmática Zona del Silencio, que se localiza dentro de la Reserva de la Biosfera Mapimí, un área natural protegida administrada por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP).
Este paraje desértico ha cautivado a viajeros y científicos de todo el mundo, ganándose la reputación de ser un lugar al que la tradición popular atribuye fallas en radios, brújulas y otros equipos de comunicación.
De acuerdo con diversas reconstrucciones históricas (El Heraldo de Chihuahua (OEM), Infobae y los trabajos de divulgación regional recopilados por HistoriasMX) el origen del nombre “Zona del Silencio” se atribuye al ingeniero de Petróleos Mexicano (PEMEX) Augusto Harry de la Peña, quien en 1966 habría detectado anomalías en las comunicaciones por radio durante trabajos realizados en el Bolsón de Mapimí.
No podía transmitir señales de radiofrecuencia desde ese punto y, con el tiempo, el nombre “Zona del Silencio” quedó grabado en el imaginario colectivo, atrayendo la atención de investigadores, aventureros y amantes de lo inexplicable.

En México Travel Channel nos apasiona llevarte a explorar los misterios geográficos que desafían la lógica del mapa convencional, desenterrando las crónicas humanas que hacen de nuestros desiertos escenarios de leyenda. Déjate envolver por el imán místico de Mapimí.
El cohete estadounidense que puso los ojos del mundo en el desierto
La fama de la Zona del Silencio comenzó con historias sobre radios que dejaban de funcionar y fenómenos difíciles de explicar, pero fue un accidente militar ocurrido en plena Guerra Fría el que terminó colocando a esta región bajo la mirada internacional.
Aunque los lugareños ya hablaban de ruidos extraños y estrellas que caían con demasiada frecuencia, el mito moderno estalló en 1970.
El 11 de julio de ese año, la Fuerza Aérea de Estados Unidos lanzó un cohete Athena V-123-D desde el complejo de Green River, Utah, con destino al campo de pruebas de White Sands, Nuevo México. Sin embargo, el proyectil sufrió una trayectoria anómala y terminó impactando en el desierto de Mapimí, en el noreste de Durango.
El cohete transportaba dos pequeños contenedores de cobalto 57, un isótopo radiactivo utilizado como trazador experimental, lo que convirtió la búsqueda en una operación delicada tanto para México como para Estados Unidos.
La operación de recuperación fue compleja. Documentos citados por el National Security Archive señalan que el gobierno mexicano otorgó permiso y apoyo para las tareas de búsqueda, mientras que el operativo estadounidense incluyó la construcción de caminos provisionales y la remoción de cientos de toneladas de tierra del sitio de impacto.
A principios de agosto, los restos fueron localizados mediante equipos de detección radiológica aérea, y el incidente terminó alimentando toda clase de teorías, desde experimentos secretos hasta supuestas fuerzas del desierto capaces de alterar el curso de los objetos que cruzan su cielo.
Algunos pobladores aseguran que los estadounidenses dejaron algo más que restos de un cohete en el desierto. Otros afirman que la verdadera historia fue enterrada junto con toneladas de arena removida.
Además del famoso cohete Athena y las supuestas fallas de radio, la Zona del Silencio está rodeada por relatos sobre luces errantes, brújulas que pierden el rumbo, visitantes desconocidos que piden agua en ranchos aislados, meteoritos atraídos por el desierto y criaturas que se mueven entre las sombras del Bolsón de Mapimí.
Todas forman parte del poderoso imaginario que convirtió a este rincón de Durango, Coahuila y Chihuahua en uno de los destinos más enigmáticos de México.

Los meteoritos y especies únicas de la Zona del Silencio
La Zona del Silencio registra hallazgos de meteoritos y fragmentos de aerolitos, situación que contribuyó al surgimiento de numerosas leyendas sobre supuestas concentraciones de minerales capaces de atraer cuerpos provenientes del espacio.
La relación de la región con meteoritos tiene sustento histórico.
El caso más conocido es el meteorito Allende, cuya caída fue registrada el 8 de febrero de 1969 en el estado de Chihuahua, relativamente cerca del Bolsón de Mapimí.
Considerado uno de los meteoritos más estudiados del mundo, sus fragmentos han aportado información fundamental sobre la formación temprana del Sistema Solar.
No obstante, los especialistas señalan que la presencia de meteoritos en la región no demuestra la existencia de una fuerza capaz de atraer cuerpos espaciales.
Pero el misticismo del lugar va más allá del hierro y las rocas del espacio. Quienes caminan por sus planicies descubren adaptaciones fascinantes de la naturaleza: nopales que se tornan de un color morado intenso durante determinadas condiciones climáticas.
Estos nopales, asociados a especies del género Opuntia, no son una mutación sobrenatural, sino una respuesta al clima extremo del desierto, especialmente relacionada con frío, radiación solar y estrés hídrico.
Entre las especies más emblemáticas se encuentra la tortuga del bolsón o tortuga de Mapimí (Gopherus flavomarginatus), considerada una especie endémica y prioritaria para la conservación dentro de la Reserva de la Biosfera Mapimí. CONANP identifica esta área como una zona clave para la protección de su distribución principal.
En la Zona del Silencio, Durango, crece esta especie morada de nopal en época de sequía. ¿Han visto alguno? pic.twitter.com/dNxu1oWAJg
— PUMAGUA (@PUMAGUA) February 6, 2019
¿Qué es verdad y qué es mito en la Zona del Silencio?
Quizá el mayor secreto de la Zona del Silencio es que no necesita exageraciones para fascinar.
Es verdad que en este rincón del Bolsón de Mapimí cayó el cohete Athena en julio de 1970, un incidente internacional que atrajo la atención de científicos, militares y medios de comunicación.
Es cierto que la región alberga especies adaptadas a las condiciones extremas del Desierto Chihuahuense como el berrendo mexicano (Antilocapra americana mexicana), el águila real (Aquila chrysaetos), el correcaminos (Geococcyx californianus), diversas especies de lagartijas y serpientes adaptadas a ambientes áridos, así como numerosas cactáceas endémicas.
También, que registra hallazgos de meteoritos y que forma parte de una reserva de gran valor ecológico administrada por CONANP.
Lo que pertenece al terreno de la leyenda son las historias sobre fuerzas magnéticas capaces de atraer objetos espaciales, radios que dejan de funcionar de manera permanente, portales energéticos o fenómenos sobrenaturales que desafían las leyes de la física.
Aunque estas versiones han alimentado la fama del lugar durante décadas, hasta ahora no existe evidencia científica concluyente que las respalde.
Y quizá ahí reside su verdadero encanto.
Porque cuando cae la noche sobre el desierto y el viento recorre la inmensidad del Bolsón de Mapimí, resulta fácil comprender por qué tantas generaciones han imaginado que este territorio guarda algo extraordinario.
No necesariamente extraterrestres, anomalías magnéticas o secretos ocultos, sino algo mucho más poderoso: La capacidad de despertar nuestra curiosidad frente a uno de los paisajes más enigmáticos de México.
Al final, la Zona del Silencio sigue siendo un lugar donde la ciencia ofrece respuestas, pero donde la imaginación se resiste a guardar silencio.
En la Zona del Silencio, zona desértica que comparten los estados de Coahuila, Chihuahua y Durango, los radios no transmiten, las brújulas enloquecen, hay luces extrañas en la noche y cae basura espacial. pic.twitter.com/zmc4qR1tPa
— Sandias Qué? (@sandiasque18) November 3, 2019
¿Cómo llegar a la Zona del Silencio sin perderse en el desierto?
Llegar a este territorio exige planeación y respeto por el entorno. La ruta más común parte desde Torreón, Coahuila, o desde Durango capital, para después dirigirse hacia Mapimí o Ceballos, Durango.
Desde Torreón el trayecto hasta Ceballos suele tomar entre 2 horas y media y 3 horas por carretera. Desde Durango capital el recorrido puede extenderse entre 4 y 5 horas, dependiendo de las condiciones del camino y del punto específico que se visite dentro del Bolsón de Mapimí.
De acuerdo con CONANP, la localidad más relevante para acceder a la Reserva de la Biosfera Mapimí es Ceballos, Durango, ubicada a unos 20 kilómetros del ejido La Flor; el aeropuerto más cercano es el Aeropuerto Internacional de Torreón “Francisco Sarabia”.
Por vía terrestre, la dependencia señala como referencia la carretera Federal 49 y 49D en el tramo Gómez Palacio–Jiménez, con llegada hacia Ceballos. Desde ahí, el acceso al Área Natural Protegida debe realizarse preferentemente en transporte privado o mediante prestadores de servicios locales, ya que el transporte público solo llega hasta la comunidad de Ceballos.
El trayecto final no debe improvisarse. El desierto puede desorientar incluso a viajeros experimentados: Las distancias parecen más cortas de lo que son, el calor puede ser extremo durante primavera y verano (pueden superar fácilmente los 40 °C durante el día), y en invierno las temperaturas bajan considerablemente acercándose a los 0 °C o incluso descender por debajo de esa marca en algunas zonas del desierto.
La cuota de entrada al Área Natural Protegida es de $125 pesos por persona por día, aunque existen descuentos o exenciones para ciertos grupos, de acuerdo con las reglas de cobro señaladas por CONANP.
La zona cuenta con operadores ecoturísticos que ofrecen recorridos de uno o varios días, incluyendo experiencias de observación astronómica y campamentos controlados.
La posibilidad de acampar depende de los permisos vigentes, del prestador de servicios contratado y de las disposiciones de conservación de la Reserva de la Biosfera Mapimí.
Por ello, se recomienda verificar previamente con la administración del Complejo Ecoturístico Zona del Silencio, con los prestadores de servicios turísticos locales de Ceballos o con la dirección de la Reserva de la Biosfera Mapimí, ya que las condiciones de acceso, recorridos y actividades pueden variar según la temporada y las disposiciones de conservación vigentes.
Sorpréndete con la Zona del Silencio. 🔮🌵
— SECTUR México (@SECTUR_mx) March 10, 2025
Descubre un misterioso lugar que descansa en la parte central del Bolsón de Mapimi, aquí, crece un increíble fenómeno botánico, los nopales morados (Opuntia violacea). Su color no se debe a una modificación genética, sino a su… pic.twitter.com/YwJvXlnGZI
¿Por qué visitar hoy la Zona del Silencio?
Adentrarse en la Zona del Silencio es una experiencia de desconexión absoluta que transforma el espíritu de cualquier viajero.
En una época donde las pantallas y las notificaciones saturan nuestras vidas, pararse en medio de este mar de arena, apagar el teléfono y comprender que hay lugares en México que prefieren mantener sus secretos a salvo de la tecnología, es un recordatorio de que la Tierra aún posee rincones sagrados imposibles de domar.
La inmensidad del Bolsón de Mapimí, la escasa presencia humana, los cielos completamente despejados y el aislamiento natural explican por qué tantas historias han surgido alrededor de esta región.
En muchos sentidos, la Zona del Silencio demuestra que no se necesitan fenómenos paranormales para provocar asombro; basta con observar uno de los paisajes más extremos y fascinantes del norte de México.

Si tuvieras la oportunidad de explorar los límites del Bolsón de Mapimí, ¿te aventurarías a acampar bajo su cielo plagado de estrellas para escuchar los misterios del desierto o preferirías mantenerte al margen de un sitio donde la brújula, la radio y la imaginación parecen perder el rumbo?
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