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Por: Circe Vargón

El desierto de Chihuahua es inmenso, pero existe un punto donde el horizonte parece desaparecer bajo un océano de dunas doradas que cambian de forma con cada ráfaga de viento.

Son las Dunas de Samalayuca, también conocidas como Médanos de Samalayuca, un extraordinario sistema de acumulaciones de arena sílica ubicado a unos 50 kilómetros al sur de Ciudad Juárez.

Este paisaje surrealista, que simula un rincón sacado de otro planeta, llamó la atención de los cazadores de locaciones más exigentes de la industria cinematográfica internacional, transformando este místico rincón mexicano en un set de filmación de culto.

Sin embargo, mucho antes de convertirse en escenario cinematográfico, las Dunas de Samalayuca ya despertaban la imaginación de quienes atravesaban el extremo norte de México.

Sus montañas de arena en constante movimiento, el silencio del desierto y la sensación de encontrarse en un lugar fuera del tiempo han alimentado historias, expediciones y leyendas durante siglos.

A primera vista resulta difícil creer que este paisaje se encuentre en México. Las ondulaciones de arena se extienden hasta donde alcanza la vista, creando escenarios que recuerdan tanto al Sahara africano como a los mundos ficticios de la ciencia ficción.

Pocos paisajes mexicanos producen una sensación tan extraña. Las dunas eliminan caminos, borran referencias visuales y hacen que el horizonte parezca moverse con el viento.

El Área de Protección de Flora y Fauna Médanos de Samalayuca abarca más de 63 mil hectáreas (de acuerdo con datos de La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, CONANP) y forma parte del ecosistema del Desierto Chihuahuense, uno de los paisajes áridos más representativos del norte de México.

Cabe puntualizar, que el Desierto Chihuahuense no se limita al territorio mexicano. También se extiende hacia el sur de Estados Unidos, abarcando regiones de Texas, Nuevo México y una pequeña porción de Arizona, lo que lo convierte en uno de los desiertos más grandes y biodiversos de América del Norte.

Pero más allá de su valor natural, Samalayuca posee una característica que ha fascinado durante generaciones: Jamás luce igual dos veces.

A diferencia de una montaña o un cañón, las dunas son estructuras vivas desde el punto de vista geológico.

El viento desplaza constantemente millones de granos de arena, modificando crestas, pendientes y formas. Eso significa que el escenario que observa hoy un visitante no será exactamente el mismo que contemplará otro dentro de algunos meses, o mañana…

El día que David Lynch mudó su universo a los médanos chihuahuenses

A principios de la década de 1980, Hollywood enfrentaba un reto monumental: Adaptar a la pantalla grande la compleja novela de ciencia ficción Dune, escrita por Frank Herbert y considerada una de las obras más influyentes del género.

El productor Dino De Laurentiis adquirió los derechos cinematográficos y confió el proyecto al entonces joven director David Lynch cineasta que comenzaba a consolidarse internacionalmente tras el éxito de The Elephant Man (1980) y que más tarde alcanzaría fama mundial con producciones como Blue Velvet, Twin Peaks y Mulholland Drive, obras que lo convertirían en una de las figuras más influyentes del cine contemporáneo.

La búsqueda de locaciones llevó al equipo de producción hasta México.

La combinación de costos competitivos, infraestructura cinematográfica y paisajes únicos convirtió al país en la elección ideal para desarrollar gran parte del proyecto.

Así, las grabaciones se realizaron tanto en los Estudios Churubusco de la Ciudad de México como en las Dunas de Samalayuca, donde se recrearon los paisajes del planeta Arrakis.

Durante varios meses, cientos de técnicos, especialistas, actores y trabajadores transformaron el desierto chihuahuense en uno de los mundos ficticios más famosos de la literatura contemporánea.

Las inmensas extensiones de arena ofrecían exactamente lo que requería la producción: Una sensación de aislamiento, inmensidad y hostilidad capaz de transmitir la esencia de Arrakis.

La cinta, estrenada en 1984, contó con las actuaciones de Kyle MacLachlan, Francesca Annis, Jürgen Prochnow, Sting, Max von Sydow y Patrick Stewart.

Además, participaron actores mexicanos como Angélica Aragón, Claudia Ramírez, Ernesto Laguardia y Humberto Elizondo.

Sin embargo, el resultado final estuvo muy lejos de la visión original de Lynch.

Años después, el director explicó en distintas entrevistas que la producción sufrió limitaciones de tiempo, presión de los estudios y pérdida de control creativo durante el montaje final, razones por las que consideró que la película no reflejaba plenamente el proyecto que imaginó.

Aunque la película tuvo una recepción complicada en la taquilla, con el paso de las décadas se convirtió en una obra de culto para los seguidores de la ciencia ficción.

Las leyendas y tradiciones de Samalayuca

Mucho antes de la llegada de Hollywood, Samalayuca ya era considerado un territorio tan fascinante como desafiante.

Los antiguos viajeros que atravesaban las rutas del norte sabían que internarse en este mar de arena requería experiencia, orientación y respeto por un entorno capaz de transformar el paisaje en cuestión de horas.

Caminar por Samalayuca es una experiencia que altera la percepción del tiempo y la distancia.

La inmensidad del paisaje, la ausencia de referencias visuales y el sonido constante del viento crean una atmósfera que ha dado origen a numerosas historias locales.

Algunas leyendas, transmitidas oralmente entre habitantes de la región y guías locales, hablan de viajeros que perdían el rumbo al intentar atravesar los médanos sin guía entre las dunas móviles, mientras que otras describen espejismos que aparecían durante las horas más calurosas del día.

Otras narraciones describen espejismos en los que algunos caminantes aseguraban observar manantiales, poblados o figuras humanas que desaparecían al acercarse.

Estos relatos surgieron a partir de las difíciles condiciones de orientación que históricamente caracterizaron al desierto y forman parte del imaginario popular de Samalayuca.

Aunque estos relatos forman parte de la tradición oral de la región, reflejan una realidad innegable: el desierto exige preparación y respeto. Incluso la CONANP advierte que el clima del área es extremo, con temperaturas muy altas en verano de hasta 40 °C y descender hasta -10 °C en invierno, por lo que recomienda tomar precauciones al visitarla.

Hoy, ese mismo escenario se ha transformado en uno de los principales destinos de turismo de aventura del norte de México.

Un escenario de película al alcance del viajero

Las dunas de Samalayuca también se han convertido en un laboratorio natural donde convergen geología, biodiversidad, arqueología y aventura, donde el sandboarding se ha vuelto una de las actividades más populares.

Ahí los visitantes pueden deslizarse por pendientes de arena con distintos niveles de dificultad.

También existen recorridos en vehículos 4×4, cuatrimotos y rutas guiadas para explorar sectores protegidos del desierto.

La región también resguarda vestigios arqueológicos y petrograbados que evidencian la presencia humana en esta zona desde tiempos prehispánicos, recordando que el desierto ha sido transitado por culturas originarias durante siglos.

Al caer la noche, Samalayuca ofrece otro espectáculo.

La baja contaminación lumínica convierte a los médanos en uno de los mejores lugares del norte del país para la observación astronómica, permitiendo contemplar miles de estrellas sobre un horizonte completamente despejado.

El desierto mexicano que sedujo a otros cineastas

Las Dunas de Samalayuca continúan atrayendo a cineastas, fotógrafos, creadores de contenido y viajeros de todo el mundo.

Prueba de ello es que esta región ha sido elegida por diversos cineastas y producciones, demostrando que este rincón del desierto chihuahuense posee una cualidad excepcional: Hacer creer al espectador que se encuentra en otro mundo sin salir de México.

Entre las producciones asociadas a este lugar se encuentran Conan the Destroyer (1984), la secuela protagonizada por Arnold Schwarzenegger que también aprovechó los impresionantes paisajes de Samalayuca para recrear escenarios fantásticos propios de la espada y la hechicería.

El Topo (1970), el célebre western surrealista del cineasta chileno Alejandro Jodorowsky que utilizó zonas desérticas de Samalayuca para algunas de sus escenas más icónicas, aprovechando la atmósfera mística y casi apocalíptica del paisaje.

Pero su verdadera magia no radica únicamente en haber aparecido en una película.

El gran atractivo de Samalayuca es demostrar que México posee paisajes capaces de competir con cualquier escenario natural del planeta.

Visitar este mar de arena es comprender por qué un director de Hollywood vio aquí un mundo extraterrestre y por qué miles de personas siguen regresando cada año para contemplar la inmensidad del Desierto Chihuahuense.

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